13/7/10

Rob Mew

Estoy en un gran callejón mediterráneo, a los costados hay portales con arcos románicos, tiendas de recueros, panaderías, cafés, vinaterías y demás locales típicos de aun barrio francés adornan el lugar, el cielo es hermoso, combina con el marrón cantera del portal, al ambiente tiene gran vivacidad, la gente se pasea, algunos comen helado, otros sentados en las bancas leen o platican. Pero pese a la gente alrededor me siento solo, tengo la impresión de estar de paso, soy en visitante solitario. 

A la mitad del callejón se extiende una carpa blanca, dentro esta una exposición de arte objeto. He tenido varios sueños donde me encuentro con objetos de arte, aun no comprendo el grado de imaginación que tengo como para contemplar en el sueño imágenes resueltas tan complejas como una obra, creo, son imágenes que trascienden a mi subconsciente, algún especie de conocimiento proyectado por una esencia ajena, un sueño colectivo, la supermente, la madre tierra, el universo, no lo se.

La exposición esta formada por esculturas en miniatura, son de resina o algún tipo de polímero, algo extraño, es que están pintadas de blanco y negro, parecen modelos didácticos de medicina o esculturas de Gunther von Hagens a escala, distintos cortes descubren el cuerpo humano en su interior con gran detalle, observo la figura de una mujer embarazada, no recuerdo las fichas técnicas pero las hay. El tono grisáceo de las figuras me desconcierta, parecen cadáveres, paso buen rato observando las obras, la gente se disipa y estoy solo en el lugar, encuentro el nombre de la autora, no lo recuerdo pero es algo extraño de pronunciar, entonces se proyecta un holograma, es parte de la obra pero no lo había observado, son imágenes aleatorias de distintas personas, creo que las figuras expuestas son modelos de personas antes vivas, después aparece la imagen de la mujer embarazada, esta de cuerpo completo y desnuda, parpadea, abre los ojos y me mira, ahora el holograma antes monocromático cambia a colores reales, después desaparece la proyección

Salgo de la carpa, es difusa la hora del día, el cielo tiene un leve teñido boreal, llego al final del callejón y entro a una galería. Encuentro una exposición de Rob Mew, un personaje onírico, dentro del lugar hay una instalación, el lugar esta poco iluminado, hay globos con helio flotando, amarrados entre si con listones de colores, una pantalla muestra escenas de los mismos globos en distintos lugares, un bosque, el subterráneo, una granja, un baño etc. el video parece filmado con una cámara de 8 mm. La faltada luz intencionada, en contraste con el color de los globos da una atmósfera espectral y melancolía, por describir la sensación. Hay mas instalaciones pero no les presto atención, me concentro en un personaje que esta en la entrada de la galería, dos mujeres conversan con el, sin que alguien me lo explique deduzco por intuición que el hombre de 50 años, 1.70, calvo, delgado, facciones afiladas, vestido de mezclilla y saco gris estilo vagué, es el autor de las piezas. Pasa desapercibido por que no tiene ni una pinta de artista, pienso un poco en como las apariencias son engañosas. 

Colgando de la pared esta una manta larga, el artista invita a la gente a que intervengan la galería junto con el, pocas personas se acercan, algunos desconfían de su posición, entonces yo me acerco, esta hablando sobre su desprendimiento personal en relación con el objeto o la obra, dice no importarle su trabajo, con o sin “el” la obra es. Una mujer esta a mi lado, es bastante atractiva, parece estar indignada por el comentario, alega entonces sobre los atributos del autor, como la obra sin el reconocimiento del autor no se puede considerar como arte, sin mas ni menos tomo un rodillo limpio, lo lleno de pintura y me dispongo a intervenir, pienso retarla, pero en vez de “pintar” arrojo el rodillo lleno de pintura hacia la lona, Rob no parece sorprendido, se que no esperaba menos de mi, al escurrir la pintura lo observo a los ojos y siento que de otra parte nos conocemos, veo en sus ojos tranquilidad y templanza. Tal como lo espere, la dama hace un gesto burlón hacia mí, la compadezco y pienso en como una mujer tan hermosa puede guardar tantos prejuicios o ser tan obtusa, su forma de vestir refleja lo contrario pero creo que uno nunca sabe.

Salgo de la galería, una energía recorre todo mi cuerpo, interpreto el evento como un acto poético, lúdico, sexual en cierto punto. Pienso en las posibilidades que nuestros actos tienen, en como pequeños instantes llevados al extremo se pueden convertir en experiencias mágicas. Me estremezco de emoción y corro por la calle, siento que desaparezco entre la multitud.